Hitos significativos de los sucesivos fracasos.

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1.El condicionante geográfico es determinante para comprender el fracaso en el reemplazo del modo productivo.

Vemos que Francia tuvo que vencer siglos de resistencia interior; pero las cualidades de su territorio aseguraban, en el caso de un cambio de modelo productivo, una mayor producción y acumulación.

Geográficamente la península ibérica coincide en perfiles climáticos con los países del Magreb, por lo que el “modo productivo” medieval no encontrará fácil repuesto.

Lo podemos ver desde el punto de vista de las migraciones. Las zonas del secano interior español (más seco), a lo largo de la reconquista se pueblan con moriscos, con muy buena adaptación al terreno. Por contra, las zonas de secano (húmedo) del Reino de Valencia, Murcia, y serranía oriental andaluza, los pobladores (hasta Carlos III) son moriscos, asturianos, navarros, aragoneses, mallorquines, franceses y germanos.
La expulsión de los moriscos, al no encontrarse población de reemplazo, supondrá la ruina de las tierras.

2.Conforme el Imperio y La Corona van entrando en la noche de la Historia, la Meseta les acompaña.

Las expectativas que se generan a partir del descubrimiento, la expansión del Imperio y el establecimiento de una administración que gestione las riquezas que iban viniendo de los territorios coloniales, absorberán la atención de los Habsburgo en demérito de los intereses de sus súbditos.

El Reino de Castilla fue la plataforma desde la que se impulsó el proyecto del descubrimiento y su expansión.

Castilla apostó por todo, asumiendo una posición de liderazgo respecto a los restantes reinos (que se irían incorporando en mayor o menor grado). Además de hombres y clérigos, aportó su economía. Obviamente, a la espera de rentabilizar el esfuerzo.
En consecuencia soportó la fuerte carga fiscal, esperando la compensación que vendría de los nuevos territorios.

Pero la magnitud y la dinámica alcanzadas superó con creces a lo ensoñado. Acabó desbordada y engullida por una gesta que se hizo universal y al margen de las nuevas corrientes que se abrían paso en Occidente.

La percepción de su papel como nación, la cultura civil y religiosa, corresponden a un tiempo pretérito. Su cultura económica precapitalista, extractiva, carecía de las condiciones para evolucionar hacia formas más inclusivas y diversificadas, que como consecuencia de la emergencia de la burguesía y el capitalismo, alumbraba en otros países. Habituada a disputar con los reinos vecinos; de ahí el atractivo de su aventura equinoccial.

De todas formas, el capitalismo, tardío, en ausencia de una burguesía, llegará de la mano de los mercados y las innovaciones tecnológicas.

3.La despoblación del interior peninsular. A lo largo del periodo se invierte la balanza de población. La Meseta se despuebla a favor de la periferia. 


A perro flaco todo son pulgas. La expulsión de los moriscos supuso, además de las pérdidas en habitantes, el abandono de las tierras de secano y zonas montañosas del interior. 

4.La decadencia de España permitió dejar en tablas las crisis internas. Y en consecuencia, mantener las barreras culturales y territoriales del Antiguo Régimen.
Y con el casticismo como elemento aglutinador
En los s.s. XVIII Y XIX el Estado Español no llega a quebrarse. Y ello a pesar del hundimiento del Imperio, la ruina económica, el fracaso histórico a la vista de los países de un Occidente convulso, las sucesivas crisis políticas y sociales (comunes en su entorno)…
En los territorios que correspondían a los antiguos reinos perduraban, junto a las instituciones de la Corona, los restos de obsoletas instituciones y estamentos señoriales, así como las diferencias tributarias, jurídicas e identitarias
En esta decadencia, el mundo rural (tanto de la España interior como de la periférica) tuvo un protagonismo significativo para la continuidad del Estado. Y La Corona (Fernando VII, Isabel II…) y la población urbana se aglutinarán con la rural en torno al casticismo.

Extraña alianza que sirve para explicar tanto el fracaso de las políticas de Felipe V y las guerras carlistas, como la “no solución” a los sucesivos conflictos que se iban presentando.
Se refleja perfectamente en la invasión napoleónica. El mundo rural y el urbano, en todos los territorios, se unen contra el invasor, y rechazando a las élites ilustradas. Se viven episodios nacionales de gloria y oprobio.

La famosa ardillita que atravesaba la península saltando de pino en pino sin tocar el suelo, no habría sabido identificar cuándo se encontraba en un territorio deprimido económicamente o en otro con mejores recursos.

El simplismo de la vieja metáfora refleja a la perfección la pobreza del imaginario colectivo que se nos ha transmitido.

no te pierdas el final! Terminar con la nostalgia hacia los antiguos reinos.

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