1 El desequilibrio territorial de España junto con la aventura imperial son determinantes para interpretar los sucesivos fracasos históricos.

 

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Las cualidades del terreno limitarán posibilidades de cambio y adaptación en la economía. Geográficamente la península ibérica coincide en perfiles climáticos con los países del Magreb.
Por otra parte las expectativas que se generan a partir del descubrimiento, la expansión del Imperio y el establecimiento de una administración que gestione las riquezas que iban viniendo de los territorios coloniales, absorberán la atención de los Habsburgo en perjuicio de los intereses de los reinos.

Conforme el Imperio y La Corona van entrando en la noche de la Historia, La Meseta les acompañará en su decadencia.
El Reino de Castilla fue la plataforma desde la que se impulsó el proyecto del descubrimiento y la expansión posterior del Imperio.
Castilla apostó por todo, asumiendo una posición de liderazgo respecto al resto de reinos (que se irían incorporando en mayor o menor grado). Además de hombres y clérigos, aportó su economía. Obviamente, esperando rentabilizar el esfuerzo.
Pero la magnitud y la dinámica alcanzadas superó con creces a lo ensoñado. Acabando desbordada y engullida por una gesta que se hizo universal y al margen de nuevas corrientes que se abrían paso en Occidente.
La percepción de su papel como nación, la cultura civil y religiosa, corresponden a un tiempo pretérito. Su modelo económico, extractivo, perdió la ocasión de evolucionar hacia otros más inclusivos y diversificados, que como consecuencia de la emergencia de la burguesía o la revolución agrícola/ industrial asomaba ya en otros países.
Pero no lo sabremos.
El lema de Felipe II, “no hemos venido a luchar contra los elementos”, se aplica a Castilla, situada en un territorio de clima extremo, habituada a disputar con otros reinos vecinos. De ahí el atractivo de la aventura equinoccial.
Lo podemos ver desde el punto de vista de las migraciones. Las zonas del secano interior español (más seco) a lo largo de la reconquista se pueblan con moriscos, con muy buena adaptación al terreno. Por contra, las zonas de secano (húmedo) del Reino de Valencia, Murcia, y serranía oriental andaluza, los pobladores (hasta Carlos III) son moriscos, asturianos, navarros, aragoneses, mallorquines, franceses y germanos.

El Reino de Portugal y las tierras catalanas jugaron un papel comodín en la consolidación del Reino de España.
Con una trayectoria y personalidad definidas, con dinastía propia y con una importante proyección hacia ultramar, Portugal jugó para la Corona española como alternativa respecto a las tierras catalanas (trayectoria errática, personalidad histriónica… pero economía emergente).
La oligarquía catalana coqueteó con el Rey francés, resultando trasquilada al perderse buena parte del territorio (tratado de los Pirineos, 1.659). La parte cedida se ajusta al clivaje pirenaico.

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