Hitos significativos de los sucesivos fracasos
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1.El condicionante geográfico es determinante para comprender el desfase de España respecto a los países de su entorno.
Francia tuvo que vencer siglos de resistencia interior; pero las cualidades de su territorio garantizaban, en el caso de cambio de modelo productivo, una mayor producción y acumulación.

Por contra, amplias extensiones de la península ibérica coinciden en perfiles climáticos con la zona del Magreb, por lo que el “modo de producción feudal” no encontrará fácil repuesto.

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2.Conforme el Imperio y La Corona van entrando en la noche de la Historia, la Meseta les acompaña.

Las expectativas que se generan a partir del descubrimiento, la expansión del Imperio y el establecimiento de una administración que gestione las riquezas que iban viniendo de los territorios coloniales, absorberán la atención de los Habsburgo en demérito de los intereses de sus súbditos.

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3.La despoblación del interior peninsular. A lo largo del periodo se invierte la balanza de población. La Meseta se despuebla a favor de la periferia. 

A perro flaco todo son pulgas. La expulsión de los moriscos supuso, además de las pérdidas en habitantes, el abandono de las tierras de secano y zonas montañosas interiores. 


4.La decadencia de España facilitará la pervivencia de grandes diferencias culturales y territoriales.
La organización del Imperio por los Habsburgo, su modelo extractivo (altas cargas fiscales que se atendían con las remesas de los territorios de ultramar, para sufragar los costes de guerras y ejércitos), dejó de lado cuestiones importantes (el desequilibrio territorial, la fuerte inflación o la ruinosa Hacienda Pública).

Pero ya en el s. xvii se tenía conciencia de la crisis y decadencia del Estado.

4.1.- Fracaso tras fracaso. El fracaso de los Austrias (con un proyecto que iba más allá de lo posible) y el fracaso de los Borbones (en quitar lastre y diseñar un Estado acorde con los países de su entorno), junto con la ruina económica, la laminación del Imperio, la crisis de identidad y, no lo olvidemos, la percepción de que nada podía cambiar a mejor, sumió al país en una profunda y prolongada decadencia.

España quedó al margen de los acontecimientos europeos y a salvo de muchas de sus convulsiones (excepto de los movimientos obreros). La decadencia pasó a formar parte del ADN social e institucional del país. Pero en el s. XIX el Estado Español no llegó a quebrarse.

La Corona acabó expulsando a los moriscos, al considerarlos un desafío frontal a la estabilidad del Estado. No se valoraron así los particularismos y diferencias territoriales. La percepción de las revueltas y desórdenes que se produjeron en Cataluña no alcanzaron la consideración de una amenaza a la integridad del país.

El relato nacionalista, catalán o vasco, como un enfrentamiento entre territorios o, más aún, de nacionalidades, es posterior y deriva de una moda romántica de finales del xix.

Con todo los lastres históricos y de vertebración, están ahí.


4.2.- El Antiguo Régimen vertebrará el Estado español.
A pesar de estar desfasadas y ajenas a la modernidad las instituciones derivadas de los antiguos señoríos; junto con el clero y las órdenes religiosas (con el imaginario y la cultura cristalizada que movían a su alrededor)… llenarán un vacío y vertebrarán la sociedad española en aquellas zonas donde el Estado no alcanza; articulando las diferencias territoriales, funcionando de forma alternativa y facilitando la integración con el resto.

En otras palabras,

  • el papel del mundo rural -mal comunicado, atrasado- resultará significativo en la continuidad del Estado.
  • donde no se reemplacen los patrones del “Ancien Régime”, las Instituciones señoriales mantendrán su vigencia, limitada, pero la mantendrán.
  • el clero y las órdenes religiosas, junto con los precarios servicios del Estado -que estaban desplegados por toda la geografía- servirán de engarce entre el mundo rural y la ciudad.
  • los instituciones del Antiguo Régimen, y sus manifestaciones obsoletas (normativa local, fielatos, instituciones de derecho, moneda, lengua… ) se harán necesarias en tanto sustentan microcosmos aislados, con economías no diversificadas; una cultura residual y a donde el Estado apenas alcanza.
  • El carlismo florece en estos territorios y da idea del poder que tenía en el interior español, al movilizarse en defensa de sus intereses en coalición circunstancial con otras fuerzas.

4.3.- Y con el casticismo como elemento aglutinador. 
El casticismo, el costumbrismo, darán lugar a una cultura popular muy rica y uniforme que más o menos hasta hoy, se extendió por toda la geografía.

Y las capas urbanas populares se aglutinarán con la población rural en torno al casticismo.

Extraña alianza que sirve para entender tanto el fracaso en las políticas de Felipe V o las guerras carlistas, así como la “no solución” a los sucesivos conflictos que se irán presentando.
Se refleja perfectamente en la invasión napoleónica. El mundo rural y el urbano, en todo el territorio de España, se unen contra el invasor, y rechazando a las élites ilustradas.

Se viven episodios nacionales de gloria y oprobio.

Con pragmatismo (!), cuando perciben su importancia, Fernando VII e Isabel II asumirán y abanderarán el casticismo, abandonando el compromiso de modernidad que trajo a los Borbones.


No te pierdas el final! Terminar con la nostalgia hacia los antiguos reinos!

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