2 En España los cambios históricos no conllevan la ruptura con el pasado.

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El paso de un sistema feudal a una monarquía nacional no supuso el reemplazo del clivaje existente.
Con los Reyes Católicos continuaron los diferentes reinos peninsulares (y con aportaciones diferenciadas, anticipación del cupo vasco).
Los Habsburgo, enredados en el mantenimiento del imperio, desatendieron la prosperidad de los territorios.
El único acontecimiento que supuso la desaparición (del escenario) del perdedor se produjo con la expulsión de los moriscos, pero conllevó la ruina de las zonas rurales y montañosas interiores. Las tierras que se liberaron, puro pedregal, no se repoblaron.
La entrada de la Casa Borbón supuso la eliminación de las fronteras interiores junto a la unificación fiscal y normativa, pero no se sustituyó el clivaje territorial ni la exacerbación del tribalismo.
Las desamortizaciones posteriores (1798 -1856) fracasaron en su objetivo.
Curiosamente la división en provincias de Javier de Burgos en 1833 fue una medida administrativa acertada y no discutida, lo que no empece que en la actualidad algunos reivindiquen fogosamente la vuelta a la división territorial anterior.
Las duras y variopintas guerras carlistas (de 1833 hasta 1876) concluyeron con la victoria militar de los isabelinos, pero se reconocieron los fueros vasco y navarro, integrándose en el ejército regular las tropas perdedoras (característica de las culturas Antiguas).
Y aunque el Estado Autonómico incorporó a las tropas vencidas en la guerra civil (y a la administración republicana), actualmente hay una fuerte presión para la condena del franquismo y la Transición y exaltación del período republicano anterior.

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