TERRITORIOS AISLADOS

No se producirá el reemplazo de los expulsados. La población que quede ocupará las tierras más favorables, dejando el resto.

<<Agua, sol… y guerra en Sebastopol>>

Territorios anteriormente prósperos entrarán en una prolongada decadencia, muy dependientes de la coyuntura y de circunstancias externas (conflicto de Crimea, guerra mundial, postguerra 1939, autarquía…).

Se instaurarán economías regresivas, residuales, de carácter radial. Las rutas comerciales, del cereal o la lana, serán reemplazadas por mercados comarcales, en rancias poblaciones.

Las duras condiciones de vida (en todos los aspectos) serán la constante, dada las dificultades de comunicación, la precariedad económica y la marginalidad.

Se configurará un modo de vida y una cultura social asociados a la resistencia y a la penuria, que a su vez reforzará y alimentará el escenario de decadencia inmediato

Los señoríos de las zonas del interior, que funcionaban como “institución estamental” de acuerdo a arcaicos fueros feudales, perderán poder económico, conservando el institucional.

Los señores se trasladarán a poblaciones del interior, que adquirirán significación en la articulación con otros territorios más dinámicos.

La nobleza empobrecida (la que resulte empobrecida) abandonará sus caserones o mansiones, retirándose a las cabeceras comarcales, conservando su estatus y mirando al pasado. Un anacronismo que nos permite interpretar el carlismo posterior.

Quedando extensas zonas del interior al margen de la epopeya, la población, (un campesino venía a desplazarse un máximo de 15 o 20 kms. de su lugar de residencia en toda su vida) se fija al terreno mediante un tejido social y productivo consolidado (el tradicional, el de siempre) y en declive.

Habrá una paulatina reasignación de recursos, una adaptación a la nueva situación.
Se reutilizarán, fragmentándolos, degradándolos, los viejos palacios y caserones, que se destinarán a viviendas, graneros, establos… incluso a frontones o plazas de toros. Las murallas y las piedras de los claustros medievales se aprovecharán como sillares o muros de carga.

Lo mismo, históricos monasterios, con sus instalaciones anejas (un caso muy representativo es el del monasterio de San Salvador, en Oña, Burgos.
MONASTERIO DE SAN SALVADOR – OÑA

Hay una pérdida en la estimación del paisaje rural, pero también del tejido urbano, que se degrada.

La arquitectura en Aragón (y su código civil propio) refleja la fragmentación e hibridación de las antiguas edificaciones, en donde se reaprovechan y superponen todo tipo de elementos patrimoniales.

Y el correoso modelo socio- cultural existente, continuará.