MI QUERIDA AUTONOMÍA

El-Abrazo-Juan-Genovés-1976

13.05.2019 – tiempo de lectura: 9′ – lectura: fácil.

Después de sobrevivir más de 40 años, con altibajos, tras el estallido en 2008 de la crisis económica el Estado de las Autonomías muestra señales inequívocas de claudicación.

Hagamos un recorrido por el mismo, empezando con un breve resumen de la etapa franquista. A continuación repasemos lo que fue La Transición. Por último analicemos esta cuadratura del círculo que es la CRIATURA AUTONÓMICA.

1. EL FRANQUISMO

Al finalizar los 50, la sociedad española -que sobrevivió a la dura guerra civil, a la guerra europea y al bloqueo económico- era básicamente agrícola, provinciana y bastante aburrida.

20 años después se había consolidado una economía que empezaba a ser postindustrial, con fuerte presencia de clases medias. Y con un crecimiento espectacular.


La vida era relativamente previsible y con pocos sobresaltos.

El franquismo, en los 40 años que duró recurrirá a la política del palo y la zanahoria para reconducir los conflictos conforme se presentaban.

Tratándose de una autarquía económica -un régimen cerrado al exterior-, sin embargo se puso de moda entre personalidades y escritores internacionales. Y con una tendencia creciente a convertirse en destino de turismo de masas (Houellebecq). Poco más.

El régimen supo atraer a grupos provenientes del anarcosindicalismo de la etapa republicana; implementando sistemas de previsión social y Sanidad Pública, programas de viviendas sociales, o favoreciendo las cooperativas laborales.

Igualmente impulsó la planificación territorial y las obras públicas. Intervino en el paisaje mediante planes hidrológicos y de regadío; y en la mejora de las comunicaciones. Grandes extensiones yermas se transformaron en cultivables (Badajoz, Zaragoza, Lérida…).

Y se diseñó la red de Universidades, dotándolas de una autonomía y un sistema organizativo que aún hoy es vigente.


El desarrollo económico- social y la modernización del Estado (administración y servicios públicos) propiciaron la fuerte emigración del campo a la ciudad, el crecimiento urbano, un aumento de las clases medias y el cambio en la cultura social…

El tejido industrial- empresarial, ya iniciado en el siglo XIX, se intensificará en Cataluña y País Vasco, junto con la zona de Madrid y gran parte del litoral.

Y la burguesía, catalana o vasca, colaborará activamente con el régimen, aprovechando las oportunidades que la reconstrucción y la autarquía les proporcionaban.

Con todo, estas actuaciones (sin continuidad actual) siendo significativas, fueron paliativas; no llegando a corregir las tendencias de despoblación iniciadas siglos antes ni, por supuesto, a cambiar los determinantes geográficos que afectan a gran parte del territorio español (sequía y desertificación).


Los planes de industrialización, en todo el país, obtuvieron desiguales resultados.
Se acentuó la polarización ya existente, intensificando los perfiles iniciados en el XIX:
– Barcelona y Madrid como capitales de la cultura y los negocios.
– La franja litoral y el área metropolitana madrileña, más dinámicas, concentrando gran parte de la actividad económica y la población.
– El resto, con agriculturas modernizadas, aportando sus excedentes de mano de obra al proceso industrializador.


Como todo, lo anterior es discutible y aquí la referencia a la época franquista es meramente contextual. Existía una oposición interior y exterior. Y un movimiento obrero militante y reivindicativo, que no alcanzó grandes movilizaciones. Además, la represión a la oposición organizada fue proporcionada e implacable.

Sus postulados ideológicos se iban transformando, adaptándose a los cambios en su entorno. El «franquismo sociológico«, paternalista, desideologizado y de clases medias, con el paso del tiempo estaba consolidado. En 40 años alcanzó un ámplio respaldo social.

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