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El Reino de Castilla fue la plataforma desde la que se impulsó el proyecto del descubrimiento y su expansión.
Castilla apostó por todo, asumiendo una posición de liderazgo respecto a los restantes reinos (que se irían incorporando en mayor o menor grado). Además de hombres y clérigos, aportó su economía. Obviamente, a la espera de rentabilizar su esfuerzo.
En consecuencia soportó la fuerte carga fiscal, esperando la compensación que vendría de los nuevos territorios.
Pero la magnitud y la dinámica alcanzadas superó con creces a lo ensoñado. Acabó desbordada y engullida por una gesta que se hizo universal y al margen de las nuevas corrientes que se abrían paso en Occidente.

La percepción de su papel como nación, la cultura civil y religiosa, corresponden a un tiempo pretérito. Su organización social y económica; precapitalista, extractiva. Su carencia de condiciones para evolucionar hacia formas más inclusivas y diversificadas, que, como consecuencia de la emergencia de burguesías y capitalismos, alumbraban en otros países.
Habituada a batallar con los reinos vecinos; de ahí el atractivo de su aventura equinoccial.

De todas formas, el capitalismo, tardío, en ausencia de una burguesía, llegará de la mano de los mercados y las innovaciones tecnológicas.

Lo podemos ver desde el punto de vista de las migraciones. Las zonas del secano interior español (más extremo), a lo largo de la reconquista se pueblan con moriscos, con muy buena adaptación al terreno.
Por contra, las zonas de secano del Reino de Valencia, Murcia, y serranía oriental andaluza, los pobladores (hasta Carlos III) son moriscos, asturianos, navarros, aragoneses, mallorquines, franceses y germanos.


A perro flaco todo son pulgas. La expulsión de los moriscos, al no encontrarse población de reemplazo, supondrá el abandono de las tierras, a las que únicamente ellos se adaptaban.

Sin contradecir la decisión política (se hacían fuertes en terrenos inexpugnables y no acataban la autoridad real, ni el idioma, etc…), el impacto en el medio físico, en la producción agrícola, o para la institución de los señoríos, fue grave. Se abandonaron los cultivos, en terrenos complicados a donde ningún cristiano quisiera ir, lo que contribuyó, además de a la ruina de las tierras a su desertificación
A partir de la expulsión, ese modo productivo y de acumulación basado en la ganadería y agricultura extensiva de secano, que soportaba fuertes cargas fiscales, entrará en un definitivo declive.
En consecuencia, los señoríos de “l’ancien régime” de todos los antiguos reinos que funcionaban como “institución de gobierno” según los fueros históricos, perderán poder económico pero conservarán el institucional.
La ruina de las tierras supuso la ruina de fincas, de pueblos enteros y de sus conventos.
La nobleza empobrecida abandonó sus castillos, sus palacios, sus mansiones rurales, retirándose en las pequeñas ciudades del interior, manteniendo su estatus y mirando al pasado. Un anacronismo que nos permite interpretar las guerras carlistas posteriores.
Esta ruina de las tierras pertenecientes a los señoríos dio lugar al abandono de mansiones, conventos y palacios, lo que viene a explicar la (fallida) desamortización posterior.

La economía de Castilla, puesta al servicio del Imperio: fuertes impuestos sobre la actividad agrícola y ganadera, asociada a una abundante población.
Castilla y los Habsburgo apostaron a un proyecto que les prometía cuantiosos réditos espirituales y materiales. Ambos se implicaron en el empeño, comprometiendo en sus consecuencias a los restantes reinos.

Salvando las diferencias regionales, que son muchas, aquí insistimos en otro punto de vista. En todas las regiones de España encontramos zonas deprimidas, más o menos extensas, con agricultura precaria o semi despobladas.
Este segundo anillo, el de la precariedad, enlaza todo el territorio español.

Lo entenderemos visualmente mediante mapa del tiempo en el que la niebla, el viento o la cellisca pueden afectar más a determinadas zonas que a otras, pero en ningún caso se paran en una división histórica o administrativa concreta.