PANDEMIA (20.05.2021)

— Caramba don Pepote!, vaquero!, cómo estás? Y la Ceci?, boníta!

— y cómo está el Guiller?, machote!…

El trabajo de Vicente está en el departamento de tráfico de RENFE. Por los ventanales se ven las vías y la actividad rítmica de los trenes. El ruido de la estación llega atenuado.

— necesito que me hagas un favor, Vicente. Mi cuñada, – la bocina de una locomotora Bombardier S – 253 nos ensordeció- está retenida en la reserva del grao, que no es la que le toca. Y sin poder salir. Sólo autorizan los desplazamientos a extranjeros.

— sí, sí, lo sé. ¿La han arrestado?

— no, no, le han quitado los cargos. Pero es igual.

— y qué es lo que le pasó?

— nada, que fue a la manifestación contra las prohibiciones y la detuvieron. Y aunque no está encausada, ni puede salir de la reserva sin billete ni tiene autorización para comprarlo…

— y quién le manda protestar a la jodía!, luego pasa lo que pasa. Como la otra vez…

La pandemia pegaba con furia y los residentes teníamos prohibido entrar en algunos barrios, o mezclarnos con los transeúntes; ellos, los turistas, se desplazaban sin restricciones. Con la nueva normalidad (NN) se nos confinaba en reservas poblacionales temporales urbanas (RPTU): una de ellas, la de El Grao.

— pues ahora, en estos días, no encontrarás un maldito asiento, Pepo. Esto está controladísimo…

— …de verdad, no vale la pena intentarlo, por las multas…

— pero hacemos una cosa. Este es mi pase digital de libre movilidad (PDLM). Hoy no lo voy a necesitar. Te vas ya! a por –otro pitido estruendoso, esta vez de una LMS Princess Coronation Class 6229, nos aturdió- y la dejas en su reserva. Y asunto solucionado, ¡muchachote!

— ¿ves Pepote? uno, !que es un profesional!, y la semana que viene nos vamos a comer por ahí, como dos señores. Y luego, de señoritas.

— ¡ah, y cuídame la tarjeta! -añadió-, algunos matarían por tenerla.

Ya lo sabía. Le contesté a todo que sí.


La valoración del impacto de la pandemia en el hábitat urbano, llevó a que la Autoridad Territorial (LAT) instase en los comités populares para la implantación de severas medidas, que una vez adoptadas han sido, en general, bien acogidas por los interlocutores sociales.

Con el argumento de reducir la propagación del virus se ha confinado a la población en las reservas (RPTU), impidéndose el acceso a los núcleos urbanos a quienes no tengan la tarjeta verde de residente (TR), o la amarilla de trabajo (TRT). Se controlan las aglomeraciones y se mantiene la distancia social.

De esta forma se evitaba el problema de los enfrentamientos habituales entre residentes y transeúntes. Oleadas de turistas, en su fugaz paso por las zonas de moda, buscando satisfacer exigencias perentorias: beber, tomar algo, acomodarse por los bares para, a la vez, reponer fuerzas y otras necesidades orgánicas. Numerosos selfis deslumbran esos instantes en los que el alcohol y las drogas circulan con facilidad; mientras los taxistas se pelean con las VTC por los clientes.

Viendo una oportunidad para incrementar sus ingresos, el fenómeno fue acogido positivamente por los comerciantes, y algunos cafés hasta habilitaron sillones en los que, por un precio razonable, echar una cabezadita. Las broncas y las exigencias de los visitantes se agravaron, produciéndose altercados callejeros o, incluso, algún suceso poco aclarado. Pero ahora ya está todo bajo control.

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