MI QUERIDA AUTONOMÍA (13.05.2019)

NOTAS DE CATA AUTONÓMICAS

¡mis queridas autonomías!

La transición democrática ha tenido, merecidamente, muy buena prensa. Y a su constitución, tan preñada de grandes intenciones, tan abierta a todo, encima no vamos a ser tan cabrones de no aplaudirla.

Pero nada como el paso del tiempo -son muchos los años, y envejece mal- como para no hacer una apreciación ajustada.


Veamos pues, algunas notas de cata, abrumadoras, que hemos podido percibir a lo largo del prolongado proceso oxidativo de los fluídos constitucionales, encerrados en la botella del tiempo:

1.- muy sedoso. Una excelente combinación de fruta y taninos, dando lugar a una intensa actividad negociadora.
El Estado surgido de la Transición es, ante todo, un estado pactista, con continuas negociaciones cruzadas. Empezando por las negociaciones para el traspaso de competencias, ilimitadas, a las Autonomías. Todos tendrán algo que es objeto de deseo para el resto. Bajo mano se cerrarán acuerdos inconfesados.

Las negociaciones irán más allá de un asunto en cuestión. Fuera de focos se negociará todo. Y los respectivos gobiernos centrales serán los muñidores.


2.- aroma a bayas y frutos del bosque, muy versátil; resaltando el protagonismo de los partidos políticos.

El parlamentarismo sufrirá un retroceso. Los partidos políticos controlarán el acceso al parlamento mediante listas cerradas y bloqueadas. Y la actividad parlamentaria quedará reglamentada milimétricamente, sin iniciativa.


3.- presencia de las externalidades y de la temible corrupción del corcho.

La constitución es un fluído goteo de efectos externos. Pero no solo la corrupción, a la que estamos habituados. El clivaje territorial (la territorialización) también se ha hecho presente.

Aparecerán los barones y las federaciones de partidos, como expresión de territorialización. Junto a poderosas burocracias locales, acompañadas de una numerosa corte funcionarial. A su calor florecerán entramados empresariales y mediáticos. Y un floreciente tercer sector.

Las oligarquías territoriales, desde las respectivas autonomías y con el respaldo constitucional, terminarán por colonizar el aparato del Estado.


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