TALLER DE ESCRITURAS

Las travesías son largas y tediosas pero contamos entre el pasaje con una estupenda escritora, Susana Feijoó; y el Capitán ha autorizado un taller de escritura. En este tablón iremos colgando los sucesivos trabajos de Contramaestre.


14.- DE PAYOS Y CALÉS 13.01.2022
ACONTECIMIENTO (COCIENTE MIPA)

En ocasiones, nos encontramos con imprevistos, de los que salimos gracias a soluciones imaginativas. Es lo que les pasó a Rafael y Helena; que ayudaron, en la A – 7, a un conductor que derrapó en el arcén. Más tarde, pasaron por El Clínico a interesarse.
Allí, fueron presentados al numeroso grupo que acompañaba al herido, y siempre le llevaban algún detallito. La satisfacción del calé era visible. Y se lo dijo:

– Ustedes sei buena gente

Y de ahí que, cuando el alta, les invitasen a la fiesta en la Ciudad Fallera:

– yo y mi familia us estamos agradecidos de corazón, sei payos de respeto. Rafael, ¡compadre!, ¡un abrazo por la gloria de mi madre!

Y como compadre, también Rafael apadrinó la comunión del hijo del calé.


Helena se lo dijo:

– Tenemos que corresponder, estamos quedando como gorrones.

Pasando de dar explicaciones habían omitido que tenían dos hijos. Y respecto al trabajo, pues… viajaban mucho y apenas estaban por Valencia.

Alquilaron un piso amueblado en la calle San Vicente de afuera, distribuyeron ropa vieja y enseres por los armarios, colocaron fotografías impersonales… Al convite acudieron el compadre y su extensa familia; fueron dos días inolvidables, comiendo y bailando, entre bulerías y fandangos.

Satisfechos, Rafael y Helena se olvidaron del tema.


Es verano. Rafael está a la fresca, a la puerta de su casa por la urbanización El Cerro, en Siete Aguas. Huyendo del calor, bajo un árbol, se concentra en la lectura de El Pais. Aparte de algún mosquito, algo más le distrae, un ruido lejano, un petardeo, unas voces…

Por el camino asfaltado, va subiendo -serpenteando entre pinos y montículos- el intermitente carraspeo de un motor.

A continuación, presta atención: “SEÑORA, ¡EL MELONERO!, ¡EL MELONERO!, ¡LOS MEJORES MELONES AL MEJOR PRECIO…!

En una curva, aparece y desaparece, renqueante, la furgona bien conocida por él.

El megáfono se oye cada vez más fuerte: “¡EL MELONERO!”

En la siguiente, despunta brevemente su compadre conduciendo la DKW

Rafael no lo dudó, en un momento pasaría por su lado. Ni corto ni perezoso abrió el periódico y se envolvió la cabeza. La DKW pasó renqueante y se perdió por la urbanización.

El megáfono continuó un rato…


TAREA: Un fragmento de 20 líneas tomando como punto de partida uno de los 4 elementos del cociente MIPA: MEDIO – IDEA – PERSONAJES – ACONTECIMIENTO/ ACCIÓN. (Posibles detonantes para vuestra historia: 1) Un lugar idílico, 2) Un pequeño pueblo donde todos se vigilan, 3) Una ciudad a punto de inundarse, 4) Alguien o algo que ha desaparecido, 5) Un personaje infiel, 6) Una persona que ha robado, mentido o ha regalado algo…etc.).
TAMBIÉN PODÉIS ELEGIR UNO A VUESTRO AIRE (un acontecimiento imprevisto como desencadenante).


Traigo un breve relato, esta vez de textura mitológica con un toque mexicano.

13.- PROMETEO, PINCHE PENDEJO 08.12.2021
RELATO MITOLÓGICO

A mediados del pasado siglo, mi abuelo Luis viajó todos los años a México. Delegado por la Unión de Explosivos Río Tinto, negociaba con la petrolera PEMEX el abastecimiento anual de dinamita.

Allí se reunía con el General Don Rafael Salazar e Itrúspide (“Cacho”), lider sindicalista.


Atravesando un aburrido paisaje, el auto recorría a buen ritmo la ruta 54 entre la capital y Monterrey. En ocasiones, la monotonía se distraía con algún tren de mercancías que iba hacia el norte.

Una marea humana abarrotaba el interminable convoy.
–– ¡Ándele!, ¡ándele!… La Bestia, patrón -comentó el chófer-… quieren llegar donde los gringos…
–– van a Texas -continuó-, pero antes tienen que cruzar, purito encuerados, el puto rio Bravo


La dinamita tiene mucho peligro y un condicionamiento riguroso. La envergadura de la operación -para PEMEX y para RIO TINTO– requería unir muchos cabos. Además de la cuantía, y de las responsabilidades a cubrir, estaba el transporte o la logística. Mil cuestiones…
Las reuniones se hacían en el rancho del cacique. Con “Cacho” y su equipo, estaba el ingeniero jefe de explotación, McAllister: un férreo yankee, siempre con bombachos, botas de cuero y sombrero Stetson.
Cada uno defendía su punto de vista, y yo meritaba en “Cacho” su agudeza, o su astucia para aunar posiciones…

Y al caer el sol nos íbamos, a tomar, a La Consentida; un lugar único…


Un lugar único. Una pulquería en la que -entre boleros rancheros, tequila y whisky…- en su patio emparrado se encelaba la vida…

Al frente de La Consentida estaba Dolores: alta, melena negra, ojos azabache…

–– Y a ti, gachupín, te voy a poner chingón… –me dijo nada más presentarnos.


Una noche, poco antes de volver a España, hablaba con Dolores y se acercó McAllister para comentar algo privado. Me extrañó.

Él fue quien me avisó:
–– brother, ¡cuidado!, el “Cacho” está uncomfortable. Dice que ya estaba aquí antes de llegar tú. Y que te vas a llevar a Dolores.

No le contesté, pero acusé recibo. Mi posición quedaba comprometida y lo último que me convenía era un choque con el general.


Al poco, ocurrió la catástrofe.
Se oyó un tumulto e irrumpió un grupo de campesinos:
–– ¡la chingada! ¡descarriló “La Bestia”! ¡chocó con el pilar del viaducto y ahorita no más va a caer sobre el pueblo!

–– McAllister, impidámoslo. Hagamos una voladura controlada por la parte sur y así evitamos el desastre. Vamos a por la dinamita.

Su respuesta me dejó helado:
–– sin saberlo el general, “su dinamita” no se toca. Y el general hoy is unavailable.

Condenaba al pueblo y a los que se encontrasen en el convoy, a morir enterrados entre escombros; así que, –viví un tiempo en USA y sé cómo se las gastan– le noqueé de un puñetazo y, una vez en el suelo, le arrebaté las llaves del almacén.


La historia salió bien. Evitamos que el viaducto se derrumbase sobre el pueblo y sobre el convoy.

Nunca supe del general. Tampoco me llegó comentario alguno. Pero comprendí que mi relación -al arrebatarle el explosivo- estaba acabada…


Al año, el día de mi boda, en España, recibí un inesperado paquete remitido desde México. En la tarjeta ponía: “Prometeo, pinche pendejo, a poco que me dejas limpio, Cacho Salazar”.

Se trataba de una sortija de oro macizo que engarzaba una piedrecita del viaducto, «volado con su dinamita”.

Sonreía al ponérmela.


–– abuelo, ¡qué cosas cuentas!

–– anda, Lola, corre con la abuela, que te espera para cenar.

a E.L.P.G.


EJERCICIO PARA CASA: relato mitológico, época actual, folio y medio.

Prometeo se enfrenta a Zeus y le arrebata el fuego para entregarlo a los humanos para que se protejan del frío, etc… Pero Dios le castiga a estar toda su vida empujando una roca. Con el tiempo se apiada y le quita el castigo con la condición de mantener junto a él la piedra.

El mito representa el enfrentamiento, la competencia con los dioses para mejorar la condición humana. Puede ser el fuego, o el deseo de competir por una mujer o lo que sea.


12.- MUY BUENO EL BOCATA CALAMARES – 23.11.21
TRANSCURSO DEL TIEMPO

Sentado en la sala estoy pendiente de mi número en el panel electrónico. Van por el 137; todavía falta. Algunas personas –todos con mascarilla-, manteniendo la distancia, esperan, delante del mostrador, a que las atiendan. Suena una chicharra, y levanto la cabeza para mirar: el 138 está ahora en el panel.

La sala es blanca e impersonal; consecuencia de la decoración, que busca un look racional e higiénico; pero compruebo que los sanitarios del mostrador se han puesto, a los pies, un calefactor barato, que hace ruido.

Las sillas, de plástico, también son funcionales. Me pongo cómodo y estiro las piernas. Miro relajado a mi alrededor y compruebo que casi todos somos mayores como yo; aunque hay diferencias: alguno va en silla de ruedas o con andador; imposible ocultar la decadencia.

Bueno, el de mi lado sí que lleva una gorrita de béisbol, gafas Ray – Ban, y pulserita de banderita. Me es igual, tampoco la puede disimular.

Me fijo, otra vez, en el mostrador: una señora, de aspecto frágil, agobiada, da explicaciones a los sanitarios que, por lo visto, no le entienden. Se me hace, aún más, tedioso este sitio. A pesar del diseño funcional, huele a viejo.

Me entra una fuerte soñolencia y me duermo.

Cuando despierto, debo haber soñado algo agradable pues se me ha ido el mal humor. Miro a mi alrededor complacido, ahora hay otros ancianos; y el de la pulserita se ha ido.

¡Suena la chicharra! ¡El 225! ¡Me toca!

Me incorporo y me acerco al mostrador. Llevo el d.n.i. y la tarjeta sanitaria preparados en la mano; pienso que, luego, aunque me vaya al bar del hospital (¡muy bueno el bocata calamares!), o me escape a la calle, o más lejos aún… todo será parecido.


EJERCICIO PARA HACER EN CASA. OPCIÓN A; Relata 30’ minutos en que tu personaje está esperando en la sala de un hospital el resultado de una operación a vida o muerte de su ser más querido.


11.- CANCIÓN ESPAÑOLA 13.11.2021
LITERATURA ERÓTICA, LITERATURA POLICÍACA, 2ª PARTE

cinta negra, pelo negroo…

como el de aquella morena

que con achares y ceelos

dejó sin sangre mis venaas…

Sombrero, hay mi sombrerooo

Cómo me mola la tía, de verdad. Cuando patrullamos se pone a cantar a su aire; es una pasada. Pero no quiero que se me note: ella es mi jefa, y yo el conductor del zeta.

Seguro que se ha dado cuenta de mis pelos de la nuca, erizados, o con el cuello todo colorao. No lo puedo disimular.

No te puedo querer, apártate de mi pensamientoo…

La tía canta por lo bajini y yo me derrito. Remarca con un movimiento de mano cada estrofa, alargándose como en un suspiro. Me flipa, te lo prometo.

Que mala suerte la mía

Haber tropezao contiigo…

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Notaba que le gustaba, por el rubor. O porque se ensimismaba al ponerme a cantar. Porque, yo cuando patrullo canto, ¿sabe?. Me gusta. Y canto bonito; eso sí, muy quedito, apenas se me oye. Pero me hice la loca. Al fin y al cabo; yo era la cabo y él un chaval. No me iba a complicar la vida.

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Paramos a hacer un 403 sin complicaciones; un ruso que ha resbalado en la calle. Hablo con él y le busco un taxi. La cabo me mira. Cuando subimos al coche me dice con voz ronca que lleve el zeta a la pérgola del parque; que no sabía que hablases ruso, chaval -me aborda, inquieta-.

-– bueno, mi mamá vino de Rusia, con los niños de Moscú, -casi me disculpo-; parece insegura y le tiembla el labio.
–- Anda, tradúceme las coplas, ¿vale? -me pide-; –- ¿cómo?, -le pregunto, extrañado-; -– ¡en ruso¡, -me contesta cortante-, ¡que voy toda mojada, cabrón!

Me mira risueña, y se pone a cantar y a acariciarme los pelillos de la nuca:

      tengo que hacer un rosario, con las cuentas de marfil, para que pueda besarlo, cuando esté lejos de ti…

Yo le replico desde el borde del abismo:

Я должен сделать чётки, с зубами из слоновой кости, Чтобы иметь возможность целовать его, Когда я вдали от тебя…

Y los dos nos resbalamos por él.

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Fundidos en un abrazo, el monovolumen es una coctelera. Tumbados en la trasera, con el aire acondicionado a tope, bajada la ventanilla para sacar la pierna… aquella carcasa ardía. Fue entonces cuando, todo excitado, el muchacho me espetó.

–– aprisa, pásame tu táser…

Se la pasé –yo ya estaba con espasmos- y él la reguló al mínimo.

–– ponme los electrodos en la nuca y dispara.

Estalló, y caímos estremecidos entre convulsiones.

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Lo hicimos así en nuestros encuentros. Él se enervaba, se volvía loco y me volvía loca a mí. No he conocido un amor igual…

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Aquella vez NO fue como las otras.

Convulsos, bañados en sudor, el chaval respondía dentro de mi cuerpo a las coplas. Yo bramaba enloquecida pero el condenado seguía y seguía… tenso como un arco. Con el deseo intacto, excitado, arrogante, me sentía provocada; o así me pareció. Me revolví, saqué la táser de la funda y le disparé en la nuca.

Pero no era la táser, era la Beretta.

–– ¿entonces?, –preguntó el comisario– ¿cómo llegó la Beretta ahí?


TAREA PARA CASA un relato de pocas líneas en el que aparezca una escena sexual descrita de forma erótica. Crea la atmósfera y evita el exceso de diálogos (clase 41).

A partir de la ficha de la clase anterior escribe en una extensión de no más de 30 líneas un relato policiaco. No tiene que ser un relato completo (clase 43).


10.- EL CORTEJO – 03.10.2021
NARRATIVA ERÓTICA, 1ª PARTE

Todavía, a aquella hora de la mañana, el aire corría fresco y por el puerto apenas se veía movimiento. Acabábamos de tomar un café cerca del hotel y nos dimos prisa en salir a recorrer las calles
(–– antes de que despierten los jejenes, ya tú sabes -le había comentado-).

Sobre todo para fundir las sensaciones acumuladas en estos días: las noches tórridas, en las que todavía nos estábamos descubriendo; los felices paseos a la mañanica; la belleza del barrio colonial, la sensación de libertad… (…y Miriam decía que todo eso estaba muy bien, que así uníamos nuestra felicidad a la del Universo y a la vida…).

Nos habíamos adentrado por las frescas callejuelas. Cada dos o tres cuadras, un uniformado -una asonada militar se había pronunciado días antes- se apostaba indolente por algún portal.

Un antiguo caserón, calle abajo nos atrajo. No más llegar, comprobamos que el soldado estaba recostado en la penumbra del soportal, y que, al notar nuestra presencia, se irguió rápido y estiró su uniforme.

A continuación, el muchacho – debía ser un campesino bajado de las montañas, el uniforme le venía dos tallas más grande-, se puso el fusil al hombro y comenzó a marchar, tozudamente, arriba y abajo por la acera. Desfilaba con la barbilla en los ojos, todo inhiesto, moviendo los puños rítmicamente y marcando el paso. Al llegar al extremo, dió un taconazo y la media vuelta. Así cada vez, y siempre mirándonos de reojo.

Allí, estábamos, sólos los tres. Miré a Miriam, y ella me devolvió la mirada, irónica; y se apretó a mí; quizás porque no contaba con la irrupción del invitado no invitado en nuestro paseo a dos.

Miriam me susurró, desconcertada:

–– Está haciendo una ritual de cortejo, hablemos bajo.

–– Sí, sí –le dije- te ha visto y le has gustado. Te quiere impresionar.

–– Nos quiere impresionar a los dos -precisó-.

Al llegar el portal del edifico, el milico se cuadró, exhibió al frente su fusil/ falo, y siguió en solitario con sus taconazos y zancadas… mientras nosotros nos alejábamos quedamente, sin hacernos notar…

Luego, me diría Miriam:

–– Caín, quiero que esta noche me hagas a mí también una parada, como la del muchacho. Pero solo para mí. Y luego, en la habitación del hotel, te pavonees como un macho en celo, con tu pija bien parada, como para hacerme gozar.

(a G.C.I.)


TAREA PARA CASA: relato erótico, época actual