GOOD BYE LENIN – LA ENSEÑANZA DE LA POSTGUERRA

De todas formas me llevé mejor con los profesores del montón que con los figuras.

Los figuras eran magníficos profesores. Muy preparados. Pero me fastidiaba cómo se rodeaban de sus incondicionales. Y además iban con sus familias a pasar el fin de semana.

Me encontraba más cómodo con los malditos.


Don Jose Luis Ibáñez, bilbaino, profesor de física, en 2º de bachiller, al que apreciaba y perdí la pista. Cuando ya no era alumno suyo -14 años yo- discutíamos en el patio o hablábamos de política (hablar de la actualidad) o de cualquier cosa.

Un día  castigó en el patio a Jesús Soriano. Como me pareció injusto le reproché abiertamente su comportamiento. Y le quitó el castigo.

Otra vez me preguntó si podía dejarle las 15 pesetas que me sobraron de un pago que hice al colegio, y se las dejé. No volví a verlas a pesar de reclamárselas más veces.

Pero seguimos amigos.


Don José Landaluce, El Papón, era algo aparte. En sus clases nos quedábamos admirados. Es cierto! y creo que él se daba cuenta.

cortesía de VCP
Don José Landaluce (cortesía de VCP)

No solo por lo que decía. También por la forma de decirlo, como gestuaba. Era muy histriónico. Además de manco tenía un genio de mil diablos.

Manejaba una regla en su única mano y conforme hablaba la apoyaba en la papada. La regla al principio se hundía un poco. Pero al momento más de la mitad había desaparecido en su cuello!

Como tantos religiosos aprendió francés al exiliarse en la república, o así, y posteriormente marchó al requeté, en donde combatió. Había que oírle contar sus batallas a toda la clase embobada.

Era muy buen profesor y de él aprendí a apreciar la cultura francesa.

Pero como todo cambia un día aparecieron unas pintadas en las paredes del Colegio. Abajo el Papón! El Papón h.de p.!

Eran las pintadas que hizo una promoción de los años 65, pasados de alegría en la fiesta de fin de curso.

Fue el Papón al Consejo del Colegio a comentar lo de las pintadas: aparte de la gamberrada, que es una chiquillada, ¿quién es ése Papón?

Nadie se atrevió a aclarárselo. El caso es que, con mucha discreción, se lo dijo un profesor días después.

Se trastornó. Cayó en una melancolía y dejó de dar clases. Le encargaron de la médiathèque en donde aislado pasaba las horas muertas.

Fui un día a verle (hablo de los años 70 y algo) y me encontré a un hombre huraño que desconfiaba de todos. Lo lamenté.

D. José Landaluce falleció el mes de octubre de 1985.


Don Timoteo Soto nos dio clase de Matemáticas en 1958 en tercero de bachiller. Mayor, de aspecto campesino, sencillo, tosco. Fue un profesor sistemático que transmitía aprecio por la asignatura.

Una vez en clase un compañero aventajado le señaló una discrepancia en el resultado de un problema. Don Timoteo se quedó dudando y no viéndolo claro nos dijo que lo estudiaría.

Al día siguiente, con buen humor, felicitó deportivamente a Paco por su observación. Nos dijo que había estado toda la tarde estudiando la solución.

No recuerdo quién me dejó una novelita de Marcial Lafuente Estefanía y Don Timoteo me pilló leyéndola en clase. Tras castigarme a «censura«, me la requisó.

Me quedé cortado pues la novelita, que se leía de un tirón, era ingenuamente picante. Y Don Timoteo se la había quedado. Y yo no sabía que cara poner cuando le viese.

No hubo problema. Me crucé con él. Puso sus achinados ojos característicos y sonrió. Le debió gustar a D. Timoteo la novelita de Marcial Lafuente Estefanía, pues se la quedó.


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